jueves, 27 de agosto de 2020

Mery Yolanda Sánchez


La voz de Mery Yolanda Sánchez se nutre con el dolor que cada día quiebra los huesos de esta Colombia que padece las atrocidades del silencio y la vergüenza. La lista de los muertos-de los olvidados-aumenta y aumenta descaradamente, descarnadamente. Mery Yolanda señala la sangre, las heridas, los ojos anegados, las sombras. La belleza de sus versos nos muestra los monstruos en los espejos. 

Bienvenida Mery Yolanda Sánchez a Claroscuro. 



Mery Yolanda Sánchez (Guamo, Tolima, Colombia, 1956). Poeta y narradora. 

Publicaciones: 

La ciudad que me habita (1989) 
Ritual para las noches (1997)
Dios sobra, estorba
Un día maíz (2010) 
Gradaciones (2011). 

En 2012 su novela El atajo recibió mención de Honor en el II concurso de Novela Breve de la Universidad Javeriana y fue publicada en 2014. 
Obtuvo mención de honor en el concurso El cuentista Inédito del Centro de Estudios Alejo Carpentier en 1987 y en 1994. 





De todas maneras ya no estás

Es inevitable, el tiempo dolerá tres veces y el paso de la saliva una herida más. Te arrastrarás por el peso de la culpa y el piso será el espejo de tus siete caídas. Te arrastrarás con tu sangre en el vaso de los asesinos hasta encontrar tu ojo derecho servido en tu puerta. Y en quince años ya no estarás en los recuerdos de los hijos de tus hijos.

Y más allá de toda memoria volverás a ser razón y olvido. Te señalarán el sitio exacto donde entrará el primer aviso, el que te tomará por sorpresa, el que no esperabas y vendrá de tu amigo gemelo, el que amaneció noches de vino y alegría en tu cama. Él te dará la nota inicial porque desde la primera luna supo dónde quedaba tu historia de niño.

Vacilarás en la puerta del palacio porque vendrán hacia ti las almas de tus hermanos. 




La pregunta

Te han tirado al patio de las ranas. Sobre ti, pompas de jabón. Te preguntabas por qué las gallinas son tristes y van con una queja eterna. Hoy te picotean y no saben qué eres. Alguien te habrá mirado por última vez como un mal recuerdo. Nunca supiste estar de pie, no te gustaba estar pendiente. Sin embargo, te acostumbraste a dormir con ropa por si te sacaban con el sueño. 



Arroz

Regaste las semillas que crecían en los cráneos y viste las niñas que volvían para cambiar de ropa a sus muñecas y acariciar casitas de algodón. Te fuiste con el susurro de las matas de plátano y no alcanzaste las faldas de la anciana que volvió para terminar de amasar el pan. Sabrás que ahora nadie se quiere ir y que por pedazos retornan las sombras para acomodarse otra vez, pero no encuentran dónde poner los pies.



La frontera

Preguntan y no esperan las respuestas. Lloran en las calles, frente a las obras de arte lloran. Lloran de perfil ante las listas de los desaparecidos. Están aquí y allá. Después del horror pendulan un halo del abismo en diagonal a la razón. Ya no firman las crónicas ni registran sus pertenencias. Son de aire sus pasos y de salsa parece su vaivén.



El regreso

Una extraña atmósfera le determina la vida. Un olor denso y pesado, nunca antes presentido, se cuela por el vestido y se esconde entre el ombligo.
Sí, sacaron al muerto, pero su olor se instaló en las axilas de la noche, en los pliegues del pañuelo en desuso; se mantuvo ocho días entre las subidas y bajadas de los inquilinos. Tal vez, Dios también utilizó el ascensor inhalando su propio sabor. Es la costumbre de dormir entre el incienso.



MIEDO

Sentir por las piernas
la respiración
del compañero desaparecido.

                                                                     Mery Yolanda Sánchez


domingo, 9 de agosto de 2020

EPIGRAMA Ediciones Espejismos. Revista de Poesía 11 y 12



Para Milcíades Arévalo y Omar Ortíz Forero,
domadores de estos corceles alados 




SUMATORIA 

Cuando hago cuentas,
nunca paso del número dos:

Dos lunas,
dos planetas,
dos oscuridades,
un par de lágrimas,
un par de besos,
dos fantasmas.

Todo lo que sobrepase el número dos está de más.

Más allá del dos no hay magia ni misterio.

Todo es tan simple y tan complejo como: uno
                                                                [más uno,
como un universo en pos de sus manos y piernas,
de su cuerpo entero y su grito de guerra.

El dos es la unidad con su espejo cierto.

El dos no necesita más que la verdad
y una cintura desnuda.

                                                                 Clara Schoenborn   

TATUAJE

Derramada la tarde
sobre las rocas inmaduras,
se deslizan las palabras
como bestias en celo.
Un aura violeta,
mudo testigo,
gime sobre la partitura
                             de las horas.

                                                                    Sandra Genoud


DESPUÉS DE LA GUERRA

cuando cambien los vientos
el aleteo de los lepidópteros estrenará la luz.
entonces reinará el perfume mortecino de carnosas
florescencias,
en el atardecer serán jauría los murciélagos,
y otra vez los cocuyos iluminarán la noche de los
exhaustos amantes.

dejarán de destellar los machetes,
cesará el tartamudeo de la metralla
y las sierras yacerán inertes.

la balsa de la medusa bajará
como grito aterido por el gran río,
solemne féretro,
hacia el mar color de sangre.

                                                                      Atila Luis Karlovich  

II 

La música es lo único que queda después de la muerte.
Un viejo murmullo de lo que fuimos
Quedará suspendido sobre las teas del tiempo.
Acaso alguien camine nuestros pasos
Recorra esas huellas borradas por los borbotones
                                                [de un océano acústico.
Al menos seremos eso:
Viejas sandalias calzadas por una muchacha
                                                               [que secunda
Lo que creíamos que era el camino.

                                                     Winston Morales Chavarro   

ARIADNA

Como animal en jaula me detengo
apunto los ojos a la ventana abierta
y ahuyento el réquiem
que marcha por las calles.

Como animal acorralado
veo una sombra sigilosa
entrar al laberinto.

Tal vez Teseo regresa a liberarme.

                                                                 Luz Mary Giraldo   

TAJOS DE LUZ 

Veo flotar el retrato en óleo de mi abuela.
Se asoman los esteros de sus ojos mulatos.
Sus rizos envueltos en una peineta de carey.

Viene con ella un pájaro de agua.
Seguramente para alertar al recuerdo
de la orfandad de los años.

Y como si acunara la infancia de mi casa,
me deja un olor a sancocho de guandú,
me deja tajos de luz en la palabra.

                                                         Ashanti Dinah Orozco   


EL ÚNICO RECUERDO QUE TENGO DE MI MADRE es el de aquellas mañanas de otoño cuando me llevaba de la mano a la escuela. Miraba la calle tapizada de hojas secas. Me abstraía pisándolas, quebrándoles los huesos de color pardo. Arrastrándose de un lado para otro como un vagabundo con los ojos en un sueño. Haciendo su ruido de semillas que se quiebran.

          Yo sólo veo las hojas secas gritando bajo mis pies y las pantorrillas de ella un paso más adelante. El tacón negro de sus zapatos como clavando una espina en la pared. Unas medias veladas. Unos huesos tan extraños como el sabor del agua.

          Hay un instante oscuro. Algo que se ha perdido como un mordisco en la mente. Ahora la veo alejarse desde el quicio de la escuela. La merienda en la lonchera. Esa sensación de ser vidrio y sentir que te abandonan. 

          Sólo veo su espalda alejarse.

          Una mujer más bajo la lluvia de las hojas. 

                                                                         Fredy Yezzed   


II 
MAR, EL VIENTO QUE HE SIDO

Es el mar que va en el viento
y rueda como lágrimas orientales
en inútil travesía
Música voluntaria que he sido
sin objeto
Escasa lucidez que absuelve y repite 
mi único corazón.  

                                                                       Hernando Socarrás   

PÁJARO DE AGUA, HOJARASCA EN VUELO

Hoy
que soy
pájaro de agua
al despertar

hojarasca en vuelo
al morir el día.

                                                                Dina Luz Pardo Olaya


HUESOS YA SON FANTASMAS 

No es extraño que un pájaro vigile su esqueleto,
verlo desde la altura o estacionado en las ramas
del árbol.
Patrulla su vuelo para que los gatos y los perros
no carguen con su huída,
pero los huesos ya son fantasmas,
hacen parte del inventario de la tierra,
memoria de antiguas carnes.

                                                          Esmir Garcés Quiacha  

I

Besa mis párpados
                               María
Y ponte a corretear por los patios
                           de mi infancia

toma el cántaro y tíralo tantas veces
al fondo del calicante
corre fuerte y habita mi nombre

corre detrás de las libélulas que invaden el patio
y alargan la tarde

corre y cánsate

rompe el tiempo y encuéntrame
en los patios de mi infancia.

                                                                    René Arrieta Pérez  



LLORAR POR QUE SÍ 


He llorado con los ojos secos y los dientes apretados. He llorado con cada palabra extraviando la mirada en el tiempo, mientras el viento sopla y se lleva las hojas de los árboles muertos. Con el llanto de los niños que distraídos tropiezan y caen en las calles. Con la angustia de las mujeres que esperan que sus hijos vuelvan completos de la guerra. He llorado con la soledad del hombre flaco que pide limosnas en el mercado, sin despertar la misericordia de los transeúntes. He llorado hasta los huesos, con el muerto reciente encontrado en una calle de este pueblo solitario, con su sangre que ensucia el pasto y tiñe las flores amarillas del camino. Con la impotencia de los desposeídos, que solitarios recorren sus sembrados de muerte. Las lágrimas me van brotando con los atardeceres sin pájaros, con la ausencia de los míos y la triste noche que trae un insomnio lleno de llanto. 

                                                              Kenia Martínez Gómez

¡Vete!, dijo mi madre,
y no regreses hasta
que los demonios
hayan desalojado
tu cuerpo.
Desde entonces,
vago buscando
mi lugar
en alguno
de los siete infiernos. 

                                                         Édgar H. Ramírez Dávila


MIS GUSANOS DE SEDA TIENEN HAMBRE 

Añoro darles de comer
pero mi cuerpo cae
mi cuerpo cae y se fractura la piel
los ruidosos cabellos caen infinitos
queda hecha agua la añoranza
es mi paso del cántaro a la tierra
es mi hora de reverdecer el prado. 

                                                                                 Diana Agámez  


ODISEA

Hablar desde lejos
como si ya fuéramos ausencia.
Declarar con las palabras
el abandono
que dejarán las cosas en nosotros.
Destejer este poema
como si de verdad fuéramos Penélope. 

                                                              Zeuxis Vargas Álvarez   


EL REGRESO 


Una extraña atmósfera le determina la vida. Un olor denso y pesado, nunca antes presentido, se cuela por el vestido y se esconde entre el ombligo.

SÍ, sacaron al muerto, pero su olor se instaló en las axilas de la noche, en los pliegues del pañuelo en desuso; se mantuvo ocho días entre las subidas y bajadas de los inquilinos. Tal vez, Dios también utilizó el ascensor inhalando su propio sabor. Es la costumbre de dormir entre el incienso. 

                                                                 Mery Yolanda Sánchez   


MEMORIA DE LA AUSENCIA 

La ausencia es una porción adelantada
de muerte.
Es no estar afuera ni adentro.
Es una cárcel fétida
signada por la condena de la nostalgia.
Es una calle plena de máscaras.
Es estar de rodillas
sobre las huellas del amor
como esa pordiosera
que ayer en el parque aguardaba
su limosna...
Días y días de rodillas,
como la pordiosera
sobre el duro y frío asfalto del recuerdo. 

                                                              Beatriz Vanegas Athías   


POEMA 

Una forma más de adelantarte
a los cuchillos.
Esta dosis de sombra
que hoy te ha tocado en suerte. 

                                                                  Jesús David Buelvas   


Después de una pesadilla
cuánto se agradece la vida.
¿Se agradecerá la muerte
después de tanta vida?

                                                       Colombia Truque Vélez   


PÁRAMOS 

hoy anduve muy solo entre los páramos 

el mar allá
        donde te habías hundido 
                       estaba solitario

hay caracolas huecas
         calcinadas
                        en el silencio de la playa
y el sol cae
          destrozado
                        al paisaje sin vos

me quedo tontamente como una ostra
      despojada de su perla

vos abrirás nuevos ojos en otros puertos
lejos, muy lejos,
              yo cerraré los míos 

                                                                   Héctor De León Born   


OTRA FORMA DE MIRAR EL VACÍO 

             El silencio tiembla en la oquedad
en cada herida que ya es vacío
transfigurada por el peso
                             que no soporta
¿Es el vacío aljibe en el que te hundes
                          al compás de una peonza?
¿O agujero que atrae el peso de todo cuerpo
                              que necesita trasmutar?
Caer no siempre es fenecer
hay vida después del descenso de la semilla
olvidamos que fuimos núcleo
                                 en el vientre materno
vacío en el que la luz se filtra
               a pesar de la dureza de la esfera.

                                                             Carmen Alicia Pérez  

SON OTROS LOS OLVIDADOS 

Son otros los olvidados
exponen al sol las cicatrices
la carne cruda.

Los otros somos nosotros mismos
desterrados,
vacíos.

Con dolor
nos miramos desde la muerte.

                                                       Sergio Antonio Chiappe Riaño   


PERCEPCIÓN DE LOS DÍAS 

Oscuras luces, como flores de vidrio fragmentado
sobre el pavimento.
                                    Así, los días.

                                                                Herbert Protzkar Andrade 






EPIGRAMA 
EDICIONES ESPEJISMOS 
REVISTA DE POESÍA 
N° 11 y 12 
Bogotá D.C
2020





martes, 4 de agosto de 2020

Maximiliano Hunicken Segura. Nietzsche, El Crucificado.



"Todas las ciencias tienen ahora la obligación de preparar el terreno para la futura tarea del filósofo, que es resolver el problema del valor, determinar la verdadera jerarquía de valores."
                                                                                                                
                                                                                                  Friedrich Nietzsche  






Nietzsche, El Crucificado.


Un viejo resabio decía que a Nietzsche había que crucificarlo. Y tal era el interés porque eso sucediera, que el arte lo imaginó crucificado, pero con su complicidad íntegra, y con los albores de su autenticidad entre gotas de tinta y esperanzas marchitas de entusiasmo. Crucificar a quien proclamó que Dios ha muerto, quien vaticinó el ocaso de la metafísica y su Platonismo pictórico. Crucificar al más sincero de los retóricos, al más leal de los irónicos. Crucificar al taciturno y eremita del lenguaje. Crucificar y seguir clavando en su mano izquierda aquellos clavos que significaron el río sagrado de una auténtica rebelión. Cuantos Prometeos estarán agradecidos por su intervención ecuménica, sobre el tema de la “verdad”, tu verdad, mi verdad, la Verdad con mayúsculas. ¿Quién es más sincero? El que dice verdades con mentiras, o quien profiere mentiras con razón suficiente. Así se encuentra Nietzsche ante su cruz, contento y cansado de ser citado, para demonizar al nihilismo, para darle un respiro a los modernos que cosificaron la historia de colosales relatos de inventos y registros. Cuánto pesa ese madero epistemológico, cuanto ardor producen las llagas de la nueva Gnoseología. ¡Nietzsche ya está clavado en su cruz! Y la vorágine de lo contingente no deja de darle voz, y protagonismo, después de cien años e infinitos lustros. Su lengua está seca, sus párpados hinchados, su mirada sigue intacta y penetrante, como aquellas piedras viejas que yacen incrustadas en el lodo eterno de la desesperación. Todavía su pulmón agita díscolas emociones. El pensamiento es una emoción que se debe sentir, con los nervios de la sangre, con las enfermedades del veneno. Para que no sea anquilosada la vida, el instinto de aquellos impromptus. Por ello, a Nietzsche le resta decirnos algo, y es relevante y molesto para quienes endulzaron sus oídos con sirenas de humo, y anestesiaron su vista con quimeras de miel. Esto que él quiere susurrarle al buitre que lo acompaña allá en las alturas, de su siesta sideral, de aquella ampulosa observación perspectivista de peso abismal consiste en abrirle los ojos a la misma cultura:

“En consecuencia debemos, desde luego, asentar una verdad, por cruel que parezca: que la cultura requiere necesariamente, esencialmente, la existencia de la esclavitud. Y esta es una verdad que no deja lugar a dudas, sobre el valor absoluto de la existencia. Es el buitre que roe las entrañas de todos los Prometeos de la cultura” °

Allí radica su grandeza, la de buscar en su rumiar la genealogía de todo malestar cultural. Su cruz se hunde en la llanura de aquella sutil profundidad. Sus brazos están fortificados con el  peso inercial de su estatura intelectual. Siempre existirán quienes quieran ver a Nietzsche Crucificado, porque no aceptaron la decrepitud de su presuntuosa razón, o porque cerraron los ojos ante lo que es evidente y sangra con su instinto metafísico sobre la superficie de una intempestiva voracidad. El pasado y el presente dilatan el futuro de esta cultura, en pos de una historia perpetua que muere a cada instante de espasmos, y que le recuerda a la academia, que la vida fluctúa belleza y hondura, allí donde la ciencia sacralizada tan sólo se conforma con un sonriente silogismo. 

Maximiliano Hünicken Segura 
05/08/2020


° Nietzsche, Friedrich, Ensayos sobre los Griegos, Buenos Aires, Egodot, 2015, p. 14-15





"Enturbian las aguas para que parezcan más profundas, así ha sido antes, y seguirá siéndolo."


Maximiliano Húnicken Segura, Argentina, 1978.

Estudió Nietzsche y Filosofía del Lenguaje y del arte en Universidad Católica Argentina (UCA) Profesor de filosofía. Hace su tesis sobre Nietzsche y las segundas intempestivas.
Artista plástico no convencional. Dibujante en paint mouse.
Poemas y Ensayos suyos se publican en las redes sociales.


domingo, 2 de agosto de 2020

Herbert Protzkar Andrade


Un hombre camina las viejas calles de Cartagena, lleva anudada la vida para no olvidarla en cualquier esquina ante el asalto de una mirada furtiva. Saborea los recuerdos dulces que se elevan en el viento procedentes del mar, despliega sus alas de poeta para sentir el corazón del cielo. Un hombre escribe poemas al otro lado de la lluvia. 

Bienvenido Herbert Protzkar al Claroscuro. 




Herbert Protzkar Andrade, Cartagena de Indias, Colombia, 1957. 
Profesor de inglés de la Universidad de Cartagena, donde se profesionalizó en Filosofía, y especializó en Ética y Filosofía Política. Diplomado en Formación Pedagógica, y en Formación Pedagógica para la Educación Superior. Fotógrafo y guía profesional de turismo en Cartagena de indias. 
Poemas suyos han sido publicados en magazines culturales de El Espectador (Bogotá), El Universal (Cartagena), en las revistas de poesía: En tono menor, Puesto de combate, Calamar, Luna nueva, Candil, Exilio, Siembra, Ceniza y Epigrama entre otros. 

Publicaciones:  

Desde todos los vientos (1990)
Elementalidades (1991)
Poemas de origen (1993)
Elogios de la luz (1995)
Saudades del olvido (1999)
La máscara de los días (2019)
Pulsaciones del tedio y la vigilia (2019)

Fundador y director de la revista de poesía  Epigrama.



Herbert Protzkar Andrade 
(selección de poemas) 



CONCEPTOS DEFINIDOS

La vida y la muerte: reino de máscaras
y prolongación
de velas encendidas
sobre cada punto suspensivo.


PERTENEZCO

Pertenezco a las sombras, al instante
esculpido por el fuego,

a la luz que se retrae
y a la materia que indigesta

                las premoniciones del vuelo.


NO FLUYE LA VOZ

No fluye la voz si el nacimiento
ocurre
en aguas muertas
al vaciar con indulgencia
los escombros
de la herida que comienza.


APLAZADO RITO

Con la soga al cuello ha de ensayar
de nuevo el ritual cetrino...

Luego vendrán las líneas

que han de formular la demora
por temor a  abandonar
los niños que viven en su cuerpo.

Ellos son quienes
han consentido
el aplazado grito

de la mujer que llevará
las flores
hasta la piedra protectora.



ALGUNA VEZ 

          Alguna vez hablaré desde mi sombra,

         desde los confines de mis miedos,
         donde la caricia
         se bifurca
         y el beso de una madre muere

          como la caída lenta de una gota.



AUSENCIA

El ave se aleja del nido hundiéndose

en los ojos del niño
y del hombre que la observan.

Al regresar es tarde. Lo que queda
es la sima de la ausencia
y unas lágrimas
cayendo sin prisa hacia dentro.


SABER ELEMENTAL

Mariposas hay revoloteando sobre el guayacán
que gesta
orugas y otras perlas.

Saber los secretos de la selva
tal vez nos libera
un poco del sometimiento a la razón:

Ese crecer que tantas veces
al hombre interroga;
más, cuando asume la postura de un dios.


RECREACIÓN

Acabo de recrear tu cuerpo, mujer,

con la dulce
aunque oscura procesión de mis manos
y mis besos
mutilados en secreto
por la incidencia

del abismo creciente entre los dos.




MAÑANA DE LLUVIA

La mañana es gris y pareciera que estuviera lloviendo

en cada rincón del universo;
y que cada gota de lluvia fuera el advenimiento
de un pájaro de agua
acicalado por una mujer que lentamente se desdibuja

ante la rigidez mezquina del espejo.




TARDES QUE VUELVEN

Vuelven las brisas a estas ruinas que somos,

trayendo memoria de los días
en ciernes...
Días memoriosos para el canto en la muerte, estrellas
que gravitan como nueva
razón del asombro.
Cantan los pájaros sobre esta tarde que crece

en un lugar ancho y solo.


                                                            Herbert Protzkar Andrade