lunes, 21 de mayo de 2018

José Guillermo Vargas Rodriguez. El invitado


José Guillermo Vargas Rodriguez, afectuosamente conocido como Pepe Vargas, es una persona de excelsas calidades humanas. Un Poeta.
Su vida, está hecha de poesía. Es la poesía misma.
Conversar con él, brindar con él, celebrar con él es llenarse de vida, ser tocado por la luz evocadora de las palabras, es vivir y revivir cada instante.

Es abrigarse con la nostalgia... la poesía.

Bienvenido Pepe Vargas al Claroscuro. 



José Guillermo Vargas Rodriguez. Chiclayo, Perú, 1938. 

Profesor de Literatura, poeta, periodista, editor, comentarista literario, promotor cultural, antólogo (con más de 50 selecciones de poetas tanto peruanos como de otros países del continente)

Es Dr Honoris Causa por la Universidad Los Ángeles de Chimbote-Perú. Profesor Honorario de la universidad nacional Daniel Alcides Carrión y de la universidad Huamanga-Ayacucho. Es Miembro distinguido de la Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura de la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Fundador de la Casa del Poeta Peruano con 14 filiales en Perú y 15 Representaciones internacionales. Creador del Día del Poeta Peruano (Ley 24616). Director de la revista de Literatura y Arte Olandina (cumple 25 años de existencia)

Tiene a su haber varios reconocimientos por su dedicación y trayectoria en favor del arte y la cultura dentro y fuera de su país. 

Algunos de sus libros:

Hoyuelos (Lima, 1976)

Mañana es setiembre (1983)

Como años esculpidos (Antología personal 1995)

Canto lascivo (Poesía erótica, 1998)

Squerzos y cantábiles (2009)

La seducción de los geranios (2012)

José Guillermo ha sido traducido al inglés, francés portugués y rumano. 




Poemas de Pepe Vargas

La callecita enferma 
(Antigua calle del Puerto del Callao)

Boca de recuerdos
torciéndose en almanaques
de marinos tuertos
manilargos, pata e´palos...
asaz contentos
con garrafas de ron portorriqueño.

Callecita chueca y resabida
escondida en balcones que tiritan
al paso de brisas y sirenas de barcos,
en caracolas enredados.

Qué sola habrás de quedarte y
¿qué pensamientos recorrerán tus bitácoras
en lago libro de salivas?
Parado en tu esquina
-a las seis en punto del cuadrante-,
un racimo de murciélagos aletean
en archipiélagos de nostalgias,
mientras sepia desfile de albas
se prostituyen grises en las radas.

Me entristezco, lloro solo como tú.
Soy palo mayor bogando al centro de tu calle,
y un dolor salobre arrincona el corazón
cual poema malo sin metáforas.

Antigua calle "chalaquita", (*)
te mastico entre los dientes
al ritmo mismo del tabaco en Singapur
y un bosque de palabras intentan ahogarme.

Cómo en pódium de nostalgias
creo parecerme tanto a ti,
callecita artrítica "chalaquienta..."
y se agolpan los suspiros 
cual ahogos de un atleta alucinado.

Callecita sola, enfermaq de ausencias...
debieron ponerte mi nombre y apellidos.

(*) Chalaco, Se le dice al natural del puerto del Callao



Aviso desclasificado 1

Se busca una puerta de casa sin candados,
sólo con aldabas y un perrito chusco desdentado
que mueva alegre cola, ojos y orejuelas.
Una puerta que tenga un árbol cual sombrilla
y sus hojas danzando como ciegas bailarinas,
en lejanas aldeas de Indochina.

Se busca una puerta, sólo una.
No importa si es nimia o grande y
donde asome una mujer
con ojos tristes pero claros
rumiando la ternura;
una mujer que cuando hable, cante
y extienda su olor preñado de geranios
al continente que delinie su figura.
Que sus brazos, siempre los extienda al Sur
de un lago o un mar desconocido
y guarde entre sus senos, tan pequeños,
larga lista de amores truncos y desvelos.

Una mujer que ande como loca
pensando tonta en Serrat y su vihuela.
Una mujer que en las fronteras grite
buscando amante de risa socarrona
al que siempre despreciaba por viejo y miserable.

Se busca una casa sin candados
y un perro desdentado que no muerda
y que lama sus heridas mezcladas con panales.
La mujer vendrá después... si es que quiere,
o si no fuera asesinada por cómicas leyendas
de brutal caballería.

Si encuentran esa casa, avísenme bohemios:
es poco el tiempo que me queda.
                 Ya mis manos están en sólo hueso
                  de tanto acariciar aldabas y portones.



Aviso desclasificado 2

Vendo un gato negro
asesinado ayer de sopetón
por sus años -dicen- de vigilias
y de maullar tanto a la luna
o jugar hasta el cansancio
con albos y nimios pericotes.

En verdad no se sabe si murió
de amores o nostalgias.
En cosas de amoríos,
siempre se duda o se mutila.
Aún conserva ojos grandes
cual verdes faros de bahía
y aún salen del pelaje
verdes volutas de humo de esperanzas
y alguna que otra garra no usada.

Vendo un gato muerto
cuya cola aún menea
en terco afán de despedida.
Podría servir de compañía
a los que maullan de sed o de tristeza.

Aviso que le queda tic gracioso
y un mohín desperdiciado
de cuando su ama estaba triste
y ese olor de leña dulce
que robaba del fogón donde dormía.
Aún conserva entre su hocico
geranios azulados
y un poquito de manteca.

Apure señor apure,
puede disecarlo y esperar
que en otra vida ronronee
y lo abrigue con ternura.
Uno nunca sabe...

Vendo un gato muerto
especial para un anciano
que lleve un cementerio de recuerdos.

                También los gatos muertos sirven
                cuando uno vive entre nostalgias.



Maldita descripción de Jano

Hay en mí
serie ordenada de incongruencias.
El bien y el mal se suceden, entremezclan,
en tropel de peces cargados de silicios.
Me veo vestido de togas albas, impolutas
y se abre el corazón al menor suspiro de ternura.
Una lectura azul apertura el diccionario de perfumes
al abrir la ventana del jardín.
Las hortensias penetran profundas al alcor
que se cimbran en mis nervios
y lloro al menor runrún
de un llanto perdido en las aldeas...

No hay armonías que no recalen en mis oídos
o un canto de alegría que mis hijos lo salmodien.
Abro cartas con el temblor fresco de las lluvias
y beso al primer cartero que toca mis aldabas.
Me trenzo conmovido en las retamas de los brazos
que me abrazan y ya no tengo aliento
a devolver tanta ternura envuelta en hombres buenos.
No cuento los dracmas que el destino o el trabajo
me devuelven y miro grato los vitrales
que Dios presta, temeroso a que se rompan.

Todo es albo en mí cuando oculto
los espejos de mi casa
y entonces, hago pocitos hondos con las manos,
sentándome en esquinas esperando caridad
con una campana siempre al cuello.

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                      Pero Jano, inquiere, insiste y me despierta
                                            de tanta pitanza y paraísos.
                      Mi espejo -dice- es un compinche y oculta adrede
                                            los carbunclos que emascula
                                            la albura del otro lado de mi Luna.
                               La maldad enloda togas albas que yo visto
                                      y toda azucena es sitiada por el Fauno
          que danza, salta, trota y retoza en pubianísimas retamas.
                                         Sevicia, inquina y envidia, desnudan
                                                    torrentes, cataratas de negrura.
                                                                            Advierto luego
                          que hay coordenadas incongruentes en mi vida
                                          y que sigo obsesionado en delinquir:
                 He negado tres veces cien en los vértices del templo
                          y he matado al gallo que tres veces ha cantado.

Son tan níveos los que viven detrás de los espejos
                que "odio los ángeles por ser tan puros".

Me avergüenzo por no ser como los buenos
        o retratarme en las pupilas del maldito
                              que guarda bajo el brazo
   la misma cartilla de pecados que yo llevo.

Soy una serpiente que vive mordiéndose la cola
y que se hierve lento y gozoso en sus delitos...

¡Cómo no ser ángel!
¡Cómo no ser Dios!

                                           O por lo menos Jano
                                                              de única
                                                                  careta.


The end

Existir,
presentimiento extraño
de acabarse todo.
De ver en las ventanas
cernirse polen sepia de crisálidas,
mientras corva cimitarra
espere que camines.

Existir,
presentimiento extraño
de un diálogo de ancianos
clavados en las bancas,
espulgando al tiempo,
el espacio que vivieron...

Un perro viejo espanta
de penas pulgas...y osamentas ofrecidas
y lame por placer el borde
de su sarna...

Muerde aire el lomo de partículas
y millones de neuronas alguien recopila
que despiden nuestros cuerpos.

Viejos, pulgas, perros
se retratan en los charcos.
Crisálidas también,
pero lloran.....

Las calles se aglutinan
y rondan, perdiendo identidad.

                      Existir
                      ese presentimiento extraño
                      de acabarse todo,
                      con un genoma inútil bajo el brazo.



La carta escrita sobre el viento

Redactar la carta sin ruta concebida
y esperar sonar el pétalo al fondo de la poza;
transitar por calles empedradas
y oír el restañar de voces entrañables.
O mejor: cerrar detrás de mí
la puerta de OCTUBRES desgarrantes.

Ver el río turbio azás de cieno y heces
o engañar a mis magnolias
que todo ello fue azar del tiempo
y la venganza.

El Cronos generoso
enfermo de olvidos / o retardos
y aún me arrulla entre sus brazos
el reloj y sus manijas.

               El olor de las cloacas
               es persistente y me envenena.

El corazón terco entre las brumas,
escribe cartas sobre el viento.

Esperar algún gorrión sin ruta concebida
y llorar de esperanza
a la entrega de esta carta.


                                                                                    Pepe Vargas

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