martes, 12 de julio de 2016

Diana Carolina Daza Astudillo. Prosas.

Pina Bausch

Tú, si que supiste Pina, aprovechar el aleteo de las extremidades, ese temblor que nos quiebra las rodillas frente al miedo, la diferencia de caminar por caminar, correr por correr, correr y caminar, la vida trastornada por la música. Tú, si aprendiste que el cuerpo,  este rompecabezas de huesos y músculos que parece a veces desencajarse con los dolores de la voluntad y de la carne, se hizo para volar.

Nunca una pantera deseó ser mujer y ninguna serpiente lloró por no tener pies, hasta verte Pina, verte girar, elevarte, extenderte sobre la piel de un teatro con la fuerza de toda la naturaleza junta, así como yo nunca amé tanto los dedos de mis pies, al sentirlos tan independientes y juguetones.

Te veo romper el café Müller y pienso en el tiempo que perdemos recorriendo las esquinas de siempre, buscando lirios y azulejos bajo los escombros, canciones estériles escritas con el cuerpo. 



Dacia Mariani

Tus noches de fin de año llegaron como el verbo que conjugaba el tiempo en el que viajábamos a casa. Fue difícil escapar de ese cuadro que pintabas con tus palabras. Ese espacio blanco cubierto de agua rota y cuellos torcidos.

Llegaste con tus noches de fin de año y tu dragón de oro, para recordarnos que estos últimos días en casa han sido un largo y sostenido gemido de dolor.  La música de mi madre y su cáncer, con su colección de cajas de hidromorfona y destroxa. Ella que ya no habla, no se mueve, no mira con amor.

Mi madre, esa herida en la que todos hemos ido cayendo.



Diane Arbus

He venido a hablarte de la admiración que sentí al entrar en el cuarto oscuro donde revelaste la belleza de personajes horripilantes y termino entregándote el retrato de una mujer mutilada por su propia mano. No me lo estás preguntando, nadie lo pregunta, pero este estado de infertilidad en las palabras es miserable.

Sin que mis páginas florezcan, insisto en escribir, pero solo una pesada capa de musgo, que cambia de verde a gris, de gris a negro, se extiende sobre ellas. Mis palabras no han alcanzado a ser más que leña verde, fetos de pájaros y tigres y cometas sumergidos en frascos con formol, puestos sobre la repisa de los intentos fallidos.



                                                    Diana Carolina Daza Astudillo

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