miércoles, 20 de julio de 2016

Fernando Cely Herrán. Los poemas

Evasión


Aunque pretendas distraerlo,
sabes que habita en ti
esa sed que me devora,
sed que eres tú
desafío de mi otoño.



Lector II

Estas palabras no son mías:
en una madrugada se las robé a la tierra
y elaboré con ellas castillos en la arena;
las sustraje del vuelo magistral de las aves,
del murmullo del viento sublime y ostentoso,
del canto de los mares con sus algas de plata.
Las introduje todas en pieles deseadas
haciéndome heredero de noches en capullo;
me las bebí despacio saboreando sus trinos
y albergando en mi cuerpo el dolor de sus gritos.
Hoy continúan fluyendo del fondo de mi alma
después de cincuenta años
de ensueños y caprichos.
Son ellas el desvelo de mi patria soñada
y la savia inclemente de mi prestado espíritu.
Estas palabras no son mías:
son de la entraña pura de la tierra;
tómalas y construye con la mente asombrada,
la mirada precisa y el corazón de un niño,
desde el fondo de tu alma,
de nuevo el infinito.



Diccionicio

Felicidad es la terrible palabra
que se inventó un iluso
que no quería estar triste
y que en acto protocolario propuso
pintar las espinas
con colores de rosa.
Felicidad
es invitar a bailar a la muerte
en pleno funeral
y danzar divertidos
sobre su inaudito poderío.
Felicidad
es observar, fija y gozosamente
a los ojos de tus adversarios
y lograr que sus ojos forrados de metralla
te sean indiferentes.
Felicidad
es la palabra que al resultar inexistente
te hace sentir
plenamente infeliz.



Sentencia

Nunca confíes
en tus pétalos,
bella flor primorosa...



                                                    Fernando Alberto Cely Herrán

martes, 19 de julio de 2016

Fernando Cely Herrán. La entrevista

Un poeta padece y goza la vida con los sentidos desbordados. Vive y muere desmesuradamente.
Sabe de abismos y de cielos, de plenitudes y vacíos. 

Bienvenido Maestro Fernando Cely  a las páginas de Claroscuro.


 *¿Cuál es tu definición de poesía?

La poesía es el hálito del universo. El hombre, al hacer su aparición sobre el cosmos, simplemente la percibió y se apropió de su poder alquímico. Por eso, nada es ajeno al poeta: ni la gota que descansa adormecida sobre el pétalo de la rosa, ni el suspiro del tiempo detenido en las horas, ni el hechizo que conmueve su espíritu cuando la noche se posesiona de sus pasiones escondidas, ni su caminar incierto en medio de la jungla humana, ni los muros que aprisionan sus sueños en las grandes ciudades extendidas con su poder metálico, ni su tormento frente al caos provocado por la devastación a la que el hombre somete a su planeta, repercutiendo en dolor, que se convierte en versos que le conducen irremediablemente a la inmolación de su alma.


*¿Cómo ha sido tu experiencia como profesor de literatura y cómo director de talleres de creación literaria?

Pasé 31 años de mi vida en las aulas, escudriñando las mentes de los jóvenes, indagando sobre sus sueños y expectativas. Aprendí de ellos su espontaneidad y la sinceridad que finalmente se pierde, dado el esquema educativo, donde prima la competencia y se anula la creatividad. Sin embargo, saber que en muchos estudiantes quedaron huellas de mi paso circunstancial por sus vidas, me produce gran satisfacción y me permite creer que un buen país se forja desde la familia y se robustece en la escuela.

Ser maestro permite estar acompañado de la niñez y de la juventud. Uno se va envejeciendo, pero al lado de los que están renovándose, de los que acaban de nacer, de los que están llenos de sueños, de hormonas, energías y proyectos.  Ser maestro es una forma bella de envejecer, porque se nota físicamente pero internamente seguimos siendo muy niños y muy jóvenes. Ha sido una experiencia enriquecedora; puede ser ingrata por ratos en el sentido de que a veces se está arando en el viento y sembrando en el mar, pero finalmente no es así. Si cualquier enseñanza que hemos dado en un aula de clase permite mejores seres humanos, entonces ante los ojos de Dios y de los hombres, hemos cumplido.

Los talleres de creación literaria en los que he participado en calidad de orientador, han sido ante todo una experiencia de acercamiento con la cultura de la geografía diversa de este país. Lo primero que tratamos de incentivar en estas actividades, es crear o reforzar el ánimo lector. Sabemos que un buen libro conduce a otro, y que en ese proceso a fuerza de interrogarse y encontrarse en la voz de los otros, puede surgir la llama de la creatividad. No se trata entonces de "enseñar" a escribir, sino de hacer comprender que un buen lector puede llegar a desafiar la hoja en blanco, pero ante todo, que su hábito le llevará con el tiempo a dimensionar de mejor forma su papel sobre el planeta y a convertirse en un ser consecuente con su sociedad, en un mejor ser humano, útil e innovador.


*¿Hay un hilo conductor en tu obra poética desde Gotas de cristal (1985) hasta Los hilos rotos del tiempo (2013) o cada libro tuyo debe considerarse como una creación independiente y autónoma?

Gotas de cristal publicado en 1985 fue elaborado de manera artesanal y distribuido entre familiares y amigos. Es el libro del inicio, de la época de estudiante, de los primeros amores y las primeras lágrimas pasadas al papel.

Luego vendría Lejanías (1993) que de alguna manera me permitió mostrar las pretensiones de convertir la poesía en una forma de vida y ponerla ante los ojos de personas vinculadas con el medio, para recibir de su parte, críticas y aportes.

De ahí en adelante, los libros publicados han tratado de conformar unidades temáticas, pero libro a libro se ha formado una especie de cadena que necesariamente presenta evoluciones. Muchos de ellos rinden desde sus títulos y contenidos junto con el CD de música colombiana "Cantos a mi Colombia nueva", homenaje al gran Witman: dos ediciones de "Cantos del desamor y el desencanto" (1995-2015), "Cantos en el ocaso de la primavera" (2001), "Cantos ígneos"(coautoría-2005), "Cantos Sin Cuenta"(2005), y "Cantos a mi Colombia nueva"(2011).

Otros libros aparecen a manera de denuncia, en calidad de hijo de un país que ha soportado eternos conflictos sociales: "Entre el abismo y la trinchera"(1998), y "Tríptico de la indignación" (coautoría-2009).

Trato también en mi obra, temas que enaltecen la labor de indígenas, de campesinos y de artesanos, de las manos que tejen la historia de Colombia en el día a día, de los amigos que han acompañado el quehacer y las sendas desde una visión urbana, que pretende visibilizarlos , en temáticas que se mezclan con poemas amorosos, existenciales y vivenciales: " Cantos Sin Cuenta"(2007), Contrapostales para ciudades insomnes (2015), y la Antología "Los Hilos Rotos del Tiempo" (2013).
Para el público lector infantil y juvenil he publicado con inmenso afecto, ocho ediciones del libro "Ena-Génesis" (instantes que se hicieron eternos), dos ediciones de "Las locas historias del pato Pepotas", "Ven Hijo", y "Nathaly y el mar".

Un libro muy especial, "Tríptico del amor"(2012) publicado en coautoría con Fernando Soto Aparicio y Fernando Vargas Valencia, representa tres generaciones, tres grandes amigos y tres voces que se unen para exaltar el mayor de los sentimientos humanos. Con la reciente partida del Maestro Soto Aparicio, en esta amalgama de palabras, como en todos sus libros, se alza su voz perdurable y sabia.
En estos momentos, se encuentra listo para su publicación el libro "Hilos Dispersos" y en preparación se encuentra "Los cantos del viajero", "De versos sueltos y otros dolores" y el segundo volumen de música colombiana.


*En tu concepto ¿Cómo está la poesía que se escribe en Colombia, comparada con la poesía que se escribe en otros países de Latinoamérica y España?

La poesía en Colombia y en Latinoamérica ha servido como catalizador social y como formadora de generaciones cobijadas por la esperanza en medio de la guerra y la adversidad. Actualmente se escriben torrentes de poesía, pero para fortuna del género, es el colectivo popular el que se va apropiando de lo que considera que le corresponde para reflejar la verdadera historia, socavada por la globalización, el auge de los medios masivos de comunicación y la desaforada infiltración de las redes sociales. La mayor posibilidad de acceder a la educación, ha facilitado la formación académica de los aprendices de poetas, que finalmente somos todos los que hemos emprendido el camino. Se ha comprendido que no basta el don, sino que la academia es fundamental en el proceso de escritura.

La profusión de Encuentros de Escritores, permite el permanente intercambio de autores en cada país, y a nivel internacional, impulsa la difusión de las obras literarias y la participación en antologías que favorecen el quehacer, a pesar de los impenetrables guetos. España con el legado de su idioma impuesto (única ganancia de la invasión), sigue siendo faro en nuestra cultura, pues su ancestral simiente poética es de obligada y necesaria lectura para los que pretendemos seguir la senda, y las nuevas voces, como otrora, surcan los mares y trascienden.

Podría afirmarse, que la poesía resiste y permea de manera importante los ambientes culturales y se constituye en la alternativa de las nuevas generaciones para recordar la historia y reescribirla.


*¿Qué papel juega la poesía en tu vida?

Le debo demasiado a las palabras: le debo geografías, le debo abrazos, le debo ternuras, le debo recriminaciones,le debo ausentismos, le debo devociones. Cuando las palabras empezaron a ser amigas mías, entonces descubrí que no estaba solo en el mundo, que me acompañaban las palabras, porque los seres humanos son fugaces; siempre llegan y se van: algunas veces se los lleva la muerte, pero generalmente se los lleva el olvido que es peor que la muerte física.

Desde un principio hice el compromiso de procurar ser voz de los que no la tienen. La poesía tiene arrobamiento; tiene el esplendor de la contemplación y a veces, por esa misma hermosa contemplación, nos olvidamos de mirar al hombre, ese hombre que en el planeta hace que la vida sea grata, pero que sabe que la vida es en extremo difícil.

Desde hace varios años mi salud ha presentado episodios de muy difícil manejo, que tienden a llevarme a la inmovilidad. El amor de mi familia, la fraternidad de mis amigos y la poesía, han fortalecido mis resquebrajadas alas y aún quiero remontar, verso a verso, día a día, el viento siempre fresco y renovador que me brindan las palabras.

"Soy un jilguero atrapado en un cuerpo que no me deja volar"


El invitado


Fernando Cely Herrán, Bogotá, Colombia. 1957. Co-fundador del grupo poético "Esperanza y Arena" y del grupo artístico literario "Escafandra". Su obra ha sido difundida en periódicos, revistas y antologías a nivel nacional e internacional. Se desempeñó como profesor de literatura durante 31 años en colegios y universidades de la capital del país.


Escritor invitado a encuentros literarios internacionales (Ecuador, México, Nicaragua, Venezuela, Cuba y Estados Unidos), así como a diferentes encuentros literarios realizados en Colombia.
Ha dirigido Talleres de Creación Literaria para el Ministerio de Cultura, La Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), la Alcaldía Mayor de Bogotá, las localidades de Fontibón y Teusaquillo en Bogotá, la Corporación Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, en Valledupar (Cesar), la Corporación El Sarazo de Pauna (Boyacá), y el Museo Casa Bella, en Nobsa (Boyacá), así como para universidades, colegios públicos y privados a nivel nacional.

Escritor homenajeado en reconocimiento a su trayectoria, vida y obra,  por parte del 7° Encuentro de Escritores Paunenses (Boyacá), del 4° Encuentro Internacional de Escritores del Valle de Iraka (Boyacá), del X Encuentro de Escritores de Chaguaní (Cundinamarca), y de la Universidad Autónoma de Colombia.

Elegido Copresidente del Parlamento Nacional de Escritores, con sede en Cartagena de Indias, para el periodo 2013-2014.

Colaborador de la Revista Horizontes Culturales.

Director en el departamento de Cundinamarca, del proyecto nacional Lecturas Urgentes de Poesía. 

Director de los talleres de creación literaria Navío de Sueños.

Obras publicadas 

Gotas de cristal (1985)

lejanías (1993)

Cantos del Desamor y el desencanto (1995)

Entre el abismo y la Trinchera (1998)

Cantos en el ocaso de la primavera (2001)

Ena-Génesis (instantes que se hicieron eternos) ocho ediciones

Las Locas Historias del Pato Pepotas (2004)

Cantos Ígneos (2005) (poemas para reinventar el amor) Disco Compacto
Con Fernando Vargas Valencia y Luis Eduardo Diaz.

Cantos Sin Cuenta (2007) (Colección Poética Isla Negra)

Tríptico de la Indignación (2009) Coautor con Darién Giraldo y Fernando Vargas Valencia. Cuadernillos de Poesía Isla Negra

"Cantos a mi Colombia nueva" (2011) CD de música colombiana (Canta autor). Proyecto Editorial Isla Negra.

Tríptico del amor (2012) coautor con Fernando Soto Aparicio y Fernando Vargas Valencia. Proyecto Editorial Isla Negra.

Los Hilos Rotos del Tiempo -antología- (2013) Colección Poetas Colombianos Siglo XXI. Editorial Caza de Libros.

Las Locas Historias del Pato Pepotas (2014) Editorial Atenea.

Ven Hijo (2014) Editorial Atenea.

Nathaly y el mar (2014) Editorial Atenea.

Contrapostales para ciudades insomnes (2015) Editorial El Quirófano (Ecuador).

Cantos del Desamor y el desencanto.  Segunda edición (2015)


Obras en preparación

Los cantos del viajero

De versos sueltos y otros dolores

Cantos a mi Colombia nueva II (CD de música colombiana)

Hilos Dispersos

lunes, 18 de julio de 2016

Julián Badillo. Los poemas

Confesión sinuosa

Abocados al mundo, desnudos,
somos Adán y somos Eva,
con un enjambre de palabras que posar
sobre las flores de la realidad.
Desnudos, anclados en los pies,
raíz de los hombres, damos nombre
a lo que existe, a los animales y a las cosas,
en inauguración siempre eterna.
A riesgo de parecer enamorado,
te nombro con una palabra modesta
e insulsa, como el amor que de mí
hacia ti brota.
Repito, no estoy enamorado y
te nombro: Universo.


Somos arcilla, viento

Hundido en un lecho de lodo,
tu aliento me da un alma,
y entonces, vuelto hombre, salgo
a enfrentar el día desde la arcilla.
Y hoy tengo la sensibilidad dispuesta
a las espinas,
hoy, después de ti, sé que habito
un Universo.
No importa la lluvia
sobre el barro bípedo que soy,
lo intenso de estar vivo me arrebata,
eres la mano tendida que me libra,
por ahora,
del abismo.
Viniste a mí, con voz tenue, de violín,
a decir a mis oídos "éste es mi nombre,
mucho gusto, soy tu alma".
Y yo, vencido, desarmado,
respondí: "mucho gusto, éste es mi nombre,
soy tu cuerpo".
Hoy tengo miedo de encontrarte,
hoy me puede matar esa hermosura.



Para leer en medio del apocalipsis 

En medio de la ceniza de la Vida,
el último hombre caminará en silencio
entre las ruinas del mundo,
como una flor que agoniza en el desierto.
En medio del cielo nublado, habrá una última lluvia,
y el Universo sacará a pasear todos sus truenos.
En medio de la última desolación, luego del diluvio,
el último hombre busca a una última mujer
y no la encuentra,
laberinto de adanes y de evas.
Muchedumbre de pájaros y estrellas
velarán el cadáver del último Universo,
y ese último hombre será su última ventana,
su ojo tuerto y su palabra vana,
y dará un alarido cuyo eco infinito
llegará a los oídos de la Nada,
y nuestras penas serán devoradas
por agujeros negros y de olvido,
y eso que tu cuerpo siente,
de nombre amor o soledad,
se evapora, ya se evapora
como una lágrima en el par de ventanas
que nacen a tu rostro,
y el alba,
sin esperanzas,
el alba de siempre,
con su velo de bruma,
vendrá una vez más,
vana, nula,
con su ramo de flores
a buscar a los hombres
y entonces, en ese apocalipsis de silencios,
el Universo sacará su violín y lo pondrá a cantar,
ave doméstica,
y entonces, el alba llegará a tus ojos
y no te encontrará, y dirá:
Los hombres fueron tan sólo orgasmos del Ser,
apertura de parpados que tuvo el infinito.



                                                                      Julián Badillo

domingo, 17 de julio de 2016

Julián Badillo. La entrevista

La poesía es alumbramiento. Su destino; la inmortalidad.

Bienvenido Julián Badillo al escenario de Claroscuro.

*¿Cómo es tu relación con la poesía?

Mi relación con la poesía inicia desde el sitio del lector, la experiencia básica de darle vida a las palabras a través del soplo en la mirada, ver como resucitan las palabras al darles un alma. Luego de leer versos vitales, y de encontrar esa notable fuente de gozo en la música del verbo y en las imágenes que podían crear, de sentir como esa belleza me alcanzaba desde la hoja en blanco, colibrí que asedia el cerebro, ese capullo de conciencia, decidí, pretencioso, crear esa belleza que me asombraba en los libros, que me esperaba agazapada en bibliotecas. En términos de la escritura, todo es una semilla de poema, hay momentos en que me aparece en el cuerpo una herida particular, que duele deliciosamente, como hecha con pequeñas hachas de hermosura, entonces tomo esas semillas de realidad, las libero en los laberintos de la mente, y espero que surjan las rosas, los poemas. Es un instante glorioso, que puede durar días, semanas, y toda la luz acumulada proyecta una sombra de textos sobre lo blanco de la hoja. En fin, primero viene el asombro ante la belleza de las cosas, y luego el darles nombre. Sostengo que, en cierto modo, todos somos Adán y Eva, dando nombre al mundo siempre nuevo, puesto que la mirada es siempre novedosa. 


*¿Cuál es tu obsesión poética?

Busco escribir poemas sencillos y contundentes, cuando digo ésto no puedo dejar de pensar en la poesía melódica, con visos de arpa y al mismo tiempo simple, fluida, como de agua, del alemán Heinrich Heine. Si se me permite esa arrogancia, eso busco yo.  Admiro también los tonos altos, de soprano de palabras, de César Vallejo;  la multiplicidad de Pessoa y la naturaleza filosófica de un Omar Khayyam.  Mi obsesión consiste en lograr una poesía que se parezca a todos ellos, que pueda cambiar de piel constantemente, sin dejar de ser ella misma, un híbrido de Heráclito y Parménides.

Creo que el poeta también es un híbrido de pintor y músico. Mi obsesión podría ser esa, pintar y luego tocar el laúd de las palabras. Considero que son lícitas ese tipo de obsesiones imposibles, en cuanto dan sentido a nuestras vidas, aunque de antemano sepamos que no las vamos a alcanzar.


*A tu parecer. ¿Qué carácter tiene la poesía?

La poesía tiene un carácter de fugacidad, en cuanto la belleza es efímera, y  el objeto de la poesía, a mi juicio, no es la búsqueda de la verdad a través del rigor, sino de la belleza. La verdad como un asombro que afecta al cuerpo, como una bofetada a los sentidos.  La poesía es búsqueda de la verdad sin pretensiones de exactitud, una oda a la ambigüedad, y acaso esa sea la única certeza, que todo es ambiguo, y que sin embargo lo ambiguo despide destellos, instantes en que percibimos en ello lo sublime, lo permanente y al mismo tiempo efímero de esa belleza.
La poesía indica que nuestro despertar no es otra cosa que salir de un sueño a otro sueño, puesto que el mundo despierto es tan ambiguo y embriagador como el ondulante océano de lo onírico.


*¿Qué poetas, qué escritores o qué lecturas recomiendas?

Sugiero la lectura de César Vallejo, me obsesiona su tono desesperado, que parece interpretar el dolor casi eterno de los hombres, admiro con fe la fuerza que se esconde en sus palabras, capaces de resonancia infinita. Henrich Heine es también un poeta capaz de versos hermosos a partir del lenguaje más simple. Tiene razón quien afirma que lo único que importa en un escritor es el encanto, y Heine es el encanto en toda su pureza, si bien su tono es menos imponente que el de Vallejo, lo del peruano es un alarido de oro, lo del alemán es casi un murmullo, como una charla tenue, entre dos ángeles. 


*¿Cuál es tu definición de poesía?

La poesía es un intento más del ser humano por evadir lo efímero, en tanto pretende asir el instante para siempre. Es una empresa que de antemano sabe su derrota, sabe que habrá un último hombre, y en ese sentido no desconoce su precariedad, su carácter de olvido. Incluso Homero, ese ciego con pestañas de oro, ciego que viene con su bastón milenario tanteando entre la sombra eterna de sí mismo, caerá en el olvido. Todo, incluso la belleza más notable, está sentenciado a la extinción. No obstante, los asombros necesitan de un canto, como de un eco de belleza, aunque esa primera rosa, ese primer amor, ya no existan, y acaso sólo hayan existido para inspirar esa canción. 


*¿Qué has encontrado en la poesía?

He encontrado una gran felicidad, los días más llenos de luz, dándole vida a las palabras, acaso el hálito de Dios  perviva en la mirada de los hombres y todo lo que percibimos sea frágil y deslumbrante  como la arcilla.
La poesía es también refugio. Desde hace una década, visito todas las tardes una misma biblioteca, aunque sea unos instantes. Mi sobrina, asombrada ante ésta obstinación, pregunta: ¿A qué vas a esa biblioteca? Y entonces alguien responde, -tal vez yo-, no lo recuerdo, (esa es la embriaguez que producen sus preguntas): A conversar con los muertos, ellos no te hacen daño.


El invitado


Andrés Julián Badillo (28 años, Tunja, Boyacá).  Es Licenciado en Filosofía de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Su trabajo como ilustrador se centra en los poetas. Su obra Lágrimas de cisne, consiste en una colección de 75 retratos que pretende dar a conocer los poetas retratados y a la vez homenajear su vida y obra a través de estos pequeños poemas hechos hielo.

Ha publicado el poemario Canción del hombre que solía ser sombra y otros poemas. 

Su obra gráfica ha sido expuesta en festivales nacionales y del extranjero, entre ellos el Festival de Poesía de Vancouver, Canadá.

Su trabajo ha sido publicado en diversas publicaciones y revistas, entre ellas la revista norteamericana de arte y poesía Off the Coast.

Contacto: julianpoeta2@yahoo.es



viernes, 15 de julio de 2016

Alexánder Buitrago Bolivar. Los poemas

Estación de invierno

Fabularé una ciudad de libros,
cada calle será hecha de papel,
serán grafitis todos mis recuerdos, 
la lluvia no horadará las calles
y en las calles se escribirán fantásticos poemas,
todos los poemas serán premiados por la lluvia, 
nadie se quedará sin un premio literario
otorgado por la real academia de la lluvia,
cien mil académicos celebrarán el triunfo,
los poetas no serán catalogados 
ni expulsados de las universidades
ni encarcelados dentro de los libros
y sólo leerán sus poemas bajo la lluvia
o para que no haya inundaciones.

En esta ciudad metamorfosearé el olvido...



El colegio


En el colegio
estudiaba las palabras 
que caían de los anaqueles 
o de la boca de los profesores.
Revisaba su geometría dorada,
sus aristas luminosas,
medía sus fatigantes vértices,
calculaba sus longitudes ideales,
oía su sonoridad de caracola
y situaba las palabras a contra luz
para observar su transparencia,
para ver su vientre de rocío
y su cuerpo
advenedizo a los presagios
y al aburrimiento,
exploraba sus territorios sitiados,
parcelados por la gramática,
y hallaba sus grietas de vasija de barro 
por donde huían los suspiros de Dios. 
Y escribía estas palabras en el viento
que descocía mis zapatos 
por correr tras el invierno. 




La casa

1.

Dibujo sus contornos de niebla
y lleno sus salones fantasmas
de un olor a distancia marina
y un quejido de aldaba sola.
Coloreo el corredor de angustia 
que conduce a mi desasosiego
y construyo esta casa de suspiros.

Las palabras crecen como esta casa
levantada sobre los días y los sueños.


2.

En mi casa
visto de viejo grito
como una ventana
entre las grietas del aire,
como una gotera
al bajar
los escalones
de las obsesiones
y los sueños.

Humedecer la noche
es un grito.



                                                                  Alexánder Buitrago Bolivar

Alexánder Buitrago Bolivar. La entrevista

El poeta camina entre el tumulto, pero lleva su propio ritmo, sus propias pulsaciones. Los sentidos agudizados del poeta lo conducen a niveles elevados de la conciencia o lo arrojan a las fauces del abismo.

El poeta ama con más amor, sufre con mayor dolor. La vida y la muerte las vive y las muere con más fuerza, con más determinación.

Un placer dar la Bienvenida a Claroscuro al poeta Alexánder Buitrago Bolivar.

*Dónde encuentras la poesía?

La rutina que impone el día a día me obliga a eludir el cansancio y la monotonía cotidiana por medio de la poesía. Así pues, la poesía surte en mi vida el efecto no de alucinógeno ni de analgésico sino de vehículo portador de significados para esos instantes que pueden ser inmortales en las palabras, palabras que aletean en la orilla de la página o que son una ola sin aliento que muere en la arena del pensamiento.

También encuentro la poesía en mi pasado, en esos momentos felices -y no tanto- de mi infancia, que nutren los nervios y las hojas de los poemas. Es obvio, tampoco lo puedo olvidar, para ser menos metafórico, más periodístico, que alimento mis textos de lo que leo a diario -incluso los trabajos con faltas de ortografía de los estudiantes-, novelas, libros de poemas encontradizos, y hasta de lo que se publica en las redes sociales - porque allí no todo es basura, como lo pintan-.

En realidad, todo sirve de pretexto para hallar poesía, pero además es la poesía la que nos encuentra, la que sale a nuestro paso y nos besa en el camino y nos derriba al primer abrazo sin que nosotros siquiera nos demos cuenta.


*¿Qué hace de un poema un buen poema?

Creo mucho en que la experiencia poética de cada quien es personal e intransferible, como la fe. Si esto es cierto, entonces no habría medida alguna, ni siquiera aportada por la crítica literaria ni por los rigurosos cánones literarios para "medir" un poema y determinar de este modo si es bueno o malo. Así las cosas, creo que el lector, incluso quien no se sienta tan avezado en estas lides poéticas puede sentir si el poema le llegó o no al corazón, y quizá sea esa su balanza.  ¿Cómo equilibrar todos los elementos de la materia del poema para llegar también al corazón de los necios, es decir, de la crítica? Es difícil, sobre todo, considerando que los poetas no pueden -no deberían- escribir para complacer a las editoriales o ganar aplausos de públicos preseleccionados por el marketing.

Últimamente, esa tarea de definir la temperatura de un poema se la he dejado al lector. Me gusta oír a la gente sencilla, a los compañeros de camino, ellos son mis verdaderos críticos, ellos me dicen si el poema es bueno o no. Por mi parte, yo como lector gozo degustando todas las poéticas, y mi estado anímico también me identifica con palabras, versos o poemas donde veo mi reflejo en el fondo de sus estanques o escucho mi nombre entre sus sílabas. Sinceramente, no sé qué hace de un poema un buen poema, pero si sé llorar, reír, jugar, saltar soga, gritar. dibujar y soñar, y eso trato de hacer en un poema, eso busco en un poema, es decir, regresar a mi infancia.


*¿Cuáles han sido tus influencias poéticas?

Empecé asistiendo a recitales de poesía en diferentes lugares de Bogotá. Yo creo que fue oyendo el poema El cuerpo de ella del poeta Nadaísta Jota Mario Arbeláez que quedé maravillado con la fuerza de la palabra y sus posibilidades infinitas.  Ya antes, años atrás, había memorizado casi en su totalidad ese famoso Nocturno de José Asunción Silva, sí, el del billete de cinco mil pesos, y aunque no sabía mucho de nuestro valioso e injustamente olvidado bardo bogotano -o poco reconocido por su valía, su valentía y su coraje ante la vida-, me deleitaba con esa música dolorosa "llena de perfumes, de susurros y de música de alas".

Creo que sin darme cuenta, y en poco tiempo, muchos poetas y poemas me habitaron hasta embriagarme totalmente de poesía. No tuve orden ni medida en el consumo diario de poemas y sentía que me quemaban dentro. Es por eso que agradezco haber estado en los colectivos poéticos de la Fundación Siembra (Sogamoso, Boyacá), Zaguán de Poesía (Cúcuta, Norte de Santander), y Los Impresentables (Bogotá) porque pude desintoxicarme y creer en la posibilidad de que tenía una voz particular, un tono a gusto para expresarme.

Ahora bien, es imposible olvidar los talleres de poesía de Piedad Bonnett quien, pacientemente, dirigía nuestros sueños para que nos estrelláramos contra la realidad al dejarnos pilotear nuestra propia nave fantástica.

Y, sin embargo, ¿cómo -en pocas palabras- compartir las alucinaciones provocadas por los poemas que he leído y por lo que no he leído?.


*¿Para qué la poesía?

La poesía sirve para sobrevivir.  No puede ser que sólo se exhiba desde el balcón crepuscular para que todos vean sus carnes, sino que es la militante que subvierte el orden y pervierte lo establecido. O a lo mejor no. Sólo la poesía existe para gozar y aprovechar el tiempo insanamente.


*¿Qué poetas o qué lecturas recomiendas?

Es una pregunta difícil pero creo que el corazón del lector debe guiarlo hacia las lecturas que requiere su alma en ese momento.  Los libros nos buscan, nos necesitan, nos encuentran. Sólo basta abrir las ventanas del cuerpo y creer en las palabras. Pueda que a lo mejor hallemos algún poeta inglés del siglo XVI que nos entusiasme, que leamos esa novela aburrida en el colegio pero que hoy cobra sentido, o que penetremos en las páginas de mamotretos mamertísimos que ahora nos divierten.  Es urgente darle oportunidad al azar para que los libros de todos los siglos y de todos los autores vengan a nosotros y nos inciten a gozar la vida.

Claro que también podríamos oír música, bailar, orar, ir a misa, o quizás hacer el amor.


*La poesía en silencio o la poesía en voz alta.

La poesía busca ambos caminos -el silencio y también la voz alta- y por eso es imposible detener su caudal sonoro solamente con cerrar un libro, apagar la luz, quemar una biblioteca o asesinar a los poetas.  La poesía se oye en los salmos que se meditan en silencio en la capilla de un convento o mientras se espera el bus a la hora pico. La poesía se grita en los reclamos de las huelgas, en las represiones de la policía, y en los libros que aguardan empolvados en el anaquel más olvidado de una biblioteca invisible.

Y si bien es cierto que la poesía nos busca, nos llama entre el silencio y la voz en alto, tal vez en el ensueño, en la hecatombe urbana, en el corazón cotidiano de la ciudad es donde mejor se expresa. 


El invitado 



Alexánder Buitrago Bolivar, Zipaquirá, Colombia, 1977.

Es Hermano de la Salle.
Participó en los colectivos literarios: Fundación Siembra, Zaguán de Poesía y Los Impresentables.

Publicó el poemario Estación del fuego en el año 2007.

Ha obtenido varios reconocimientos literarios:

Primer puesto en el II Concurso "La memoria de nuestros pueblos: Homenaje a los estudiantes caídos en soledad"
Mención en el IX Concurso Bonaventurano de Cali
Mención en el XXVI Concurso de Poesía y Cuento de la Universidad Externado de Colombia
Segundo puesto en el XII Concurso de Poesía Eduardo Carranza (2014).

Ha publicado artículos y poemas en varias revistas literarias. En el año 2015 colaboró como columnista en la revista Vórtice (Nicaragua).

Actualmente escribe en la revista Trail Run Colombia  como poeta invitado.  

martes, 12 de julio de 2016

Diana Carolina Daza Astudillo.

Pina Bausch

Tú, si que supiste Pina, aprovechar el aleteo de las extremidades, ese temblor que nos quiebra las rodillas frente al miedo, la diferencia de caminar por caminar, correr por correr, correr y caminar, la vida trastornada por la música. Tú, si aprendiste que el cuerpo,  este rompecabezas de huesos y músculos que parece a veces desencajarse con los dolores de la voluntad y de la carne, se hizo para volar.

Nunca una pantera deseó ser mujer y ninguna serpiente lloró por no tener pies, hasta verte Pina, verte girar, elevarte, extenderte sobre la piel de un teatro con la fuerza de toda la naturaleza junta, así como yo nunca amé tanto los dedos de mis pies, al sentirlos tan independientes y juguetones.

Te veo romper el café Müller y pienso en el tiempo que perdemos recorriendo las esquinas de siempre, buscando lirios y azulejos bajo los escombros, canciones estériles escritas con el cuerpo. 



Dacia Mariani

Tus noches de fin de año llegaron como el verbo que conjugaba el tiempo en el que viajábamos a casa. Fue difícil escapar de ese cuadro que pintabas con tus palabras. Ese espacio blanco cubierto de agua rota y cuellos torcidos.

Llegaste con tus noches de fin de año y tu dragón de oro, para recordarnos que estos últimos días en casa han sido un largo y sostenido gemido de dolor.  La música de mi madre y su cáncer, con su colección de cajas de hidromorfona y destroxa. Ella que ya no habla, no se mueve, no mira con amor.

Mi madre, esa herida en la que todos hemos ido cayendo.



Diane Arbus

He venido a hablarte de la admiración que sentí al entrar en el cuarto oscuro donde revelaste la belleza de personajes horripilantes y termino entregándote el retrato de una mujer mutilada por su propia mano. No me lo estás preguntando, nadie lo pregunta, pero este estado de infertilidad en las palabras es miserable.

Sin que mis páginas florezcan, insisto en escribir, pero solo una pesada capa de musgo, que cambia de verde a gris, de gris a negro, se extiende sobre ellas. Mis palabras no han alcanzado a ser más que leña verde, fetos de pájaros y tigres y cometas sumergidos en frascos con formol, puestos sobre la repisa de los intentos fallidos.



                                                    Diana Carolina Daza Astudillo