miércoles, 13 de febrero de 2019

Elvira Alejandra Quintero


Decir luz y oscurecer el día, decir tiempo y detenerlo. Llamar la nostalgia y no encontrar recuerdos, tirar piedras a la lluvia, sentarse a la sombra de árboles mudos, ver amarillar las hojas, llamar otoño.

Bienvenida Elvira Alejandra Quintero al Claroscuro. 




Elvira Alejandra Quintero, Cali, 1960. Arquitecta y Magíster en Literaturas Colombiana y Latinoamericana. Profesora de Literatura en la Facultad de Ciencias Humanas  y Sociales de la Universidad del Cauca. 

Publicaciones: 

Hemos crecido sin derecho. Editorial Altazor, Cali.1983. 
La noche en borrador. Alcaldía de Chiquinquirá, 2000. 
La ventana: cuaderno de Ana Ríos. Universidad del Valle, Cali. 2002.
La mirada de sal, 2005
Los nombres de los días, 2008
Memorias de Alejandrina, 2012
5000 kilómetros al sur, 2013
Intemperies. Ediciones Hespérides, Argentina, 2018

Premios: 

Premio de Poesía Antonio Llanos, Cali, 1984, por el libro Hijos de los sueños 
Premio Nacional de Poesía  Ciudad de Chiquinquirá 1999 por el libro La noche en borrador.
Premio de Poesía Jorge Isaacs, Cali, 2004 por el libro La mirada de sal
Primera mención en el Premio Internacional de Poesía Crisóstomo Lafinur, San Luis, Argentina, 2011
Premio Dámaso Alonso, 2018, otorgado al conjunto de su obra intelectual por la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid.


Elvira Alejandra Quintero



Lluvias

1.

Ahora la lluvia resbala por los caminos verticales del espacio.

Nubes de humo formadas con nombres de poemas bailan tras un
   cristal, y los pensamientos se hacen más fuertes cada vez que las
   gotas se derriten.

Afuera las calles se complican con horarios y leyendas
lento viajar y girar del pensamiento
la lluvia nos abraza, el calor nos derrite.

El fuego baila sobre caminos cóncavos, y la voz del cielo se hace 
   dura. 


 3. 

Sentada frente a la tarde dije que quería morir.
Pero no estabas y nadie más podía escucharme.
Sin tener hacia donde crecer la rabia.
A quien decirle
a quien decirle.



La sentencia 

Lloverá
otra vez de nuevo y para siempre.
Lloverá y no podrás volver a abrir los brazos
bajo el cielo azul de la ciudad que amaste
allá
en ese verano en que lo quisiste
para siempre



Estación Bahía Blanca 

3. Soledad

Voy por caminos áridos despejados pelados tristes solos.
Me pregunto qué hice aquí hace mil años que debí volver ahora.
Me digo que amé aquí seguramente
me digo también que lloré aquí seguramente
me digo que fui feliz aquí seguramente.
Voy por caminos amarillos que me hablan del Van Gogh que amo 
   y no es de aquí.
Voy por caminos de árboles desnudos
e impúdicos
y solos.
Les pido una fruta y me dan una pregunta que guardo en mi libreta
les pido un amor
y me devuelven una fotografía marchita
les pido un verso
y me gritan una copla antigua.

Pero no he de regresar aún, me digo.
Mi tierra llora bajo la belleza de sus cielos
olvidada del mar y de los ríos que lavan la sangre regada arriba
en los páramos de azufre y cabuya
en los bosques de cedro negro apretujados para escalar al sol 
   lejano arriba.

Campanillas diáfanas del viento hacen trizas la tarde que cae
violines imitan el gemir de las mujeres. 


2. El sur

Aquí la palabra se estrangula
y tapa el sol
y su camino deshecho de hojas muertas en el último otoño.
Pero canta todavía mi voz
y no teme herir las palomas que vuelan dispersas en el aire azul.

Mandarinas aroman mis recuerdos
y la niebla de paraíso donde me dijiste adiós la última tarde
aquella en que no miré hacia atrás
por miedo
rogando enterrar al fin los muertos de mi pasado.

Porque mis muerto no son sólo mis recuerdos
ni mis besos jóvenes en tu cuello
ni mi amor de muchacha
ni mi alegría desprevenida con mi pelo al viento.

No mis muertos apuñalados en sus bosques de trigo
y de café y de frutas de trópico hirviente.
No mis muertos contados por decenas
en los dedos de las manos de los brazos
de los miles de enterrados anónimos en los bosques de mi tierra.

Por eso dije adiós, hastiada.
Por eso la palabra se estrangula
y muere cansada bajo un sol de otoño al sur del sur.




Intemperie

Entonces beso el aire
con las preguntas que aún cierran el puño
y con los pies el agua de estos mares helados:

Vengo de un siglo estéril para la dicha y cruel para los que se aman
y yo soy su símbolo y su vástago más fiel
su hija.

Ofrezco a la tierra mi sed y mi nostalgia
y enciendo el fuego
con todas las sombras que guarda el libro de los días:

Allí el camino
su lluvia y sus espejos
sus cruces abiertos y cerrados
su intemperie.


                                                         Elvira Alejandra Quintero 




Intemperies
(Antología temática)
Elvira Alejandra Quintero 
Ediciones Hespérides 
La Plata, Argentina
2018



sábado, 9 de febrero de 2019

José Onias Cuellar Calderón


El río es el paisaje de la infancia, los juegos, los sueños. La parte tuya que corre libre bajo el cielo de la noche. El río es la vida mirándonos con sus ojos de agua, arrullándonos con su murmullo. 

Bienvenido José Onias Cuellar al Claroscuro. 

                                                                                 Con Augusto Roa Bastos, Asunción, Paraguay


* ¿Quién es José Onías Cuéllar Calderón?

Un ser comprometido con la vida, celebrar la vida, defender la vida desde la acción, desde la palabra. Soy un caminante eterno, un aprendiz constante que busca detrás de las esquinas lo que el ser humano dejó perder: el asombro.
Un ser que busca alejarse de la manada citadina. Las ciudades me aterran por su apariencia excesiva y su consumo. Lo rural es más prístino, más libre, menos codificado, excento de posturas y reconociendo la naturaleza.


* ¿Cómo fue tu encuentro con la poesía?

A temprana edad. La poesía llegó con el río. Crecí a tres cuadras del río Magdalena. Me llamó la atención la prolijidad del río, su fortaleza y su fragilidad a la vez, su rebeldía y su eterno caminar. Eso me llevó a leer a Rivera  primeramente en la forma métrica, luego Whitman a los nueve años en hojas de hierba, Aurelio Arturo y su natural verso. La desfachatez de Hemingway, la sacralidad en Unamuno, la vitalidad de Machado y sin duda la musicalidad profunda de Pombo y el amor ido de Silva. Fueron mis lecturas a edad primera. Luego vinieron los demás, grandes poetas.


* ¿Qué buscas en la poesía?

Sacar de mis venas ese dolor de tierra y de  sangre primigenia, vociferar los derechos prohibidos, contar los sueños, sacudir el alma de la palabra y expresar lo que veo. Soy egoísta, no escribo para nadie, ni siquiera para mí, solo hago un acto que demuestra mi finitud pasar por la existencia.


* ¿Qué has encontrado?

Retos, angustias, compromisos, persecución. Quien escribe, no puede dormir tranquilo, la eterna búsqueda de sí mismo lo mantiene ocupado. Siempre estamos huyendo del molde. Tal vez ese andar huyendo nos conviertan en pasos edípicos o en versos caínicos, siempre ajenos.


* ¿A dónde te ha llevado?

A desandar lo andado, a confrontarme con sigo mismo, a romper esquemas de la mass media, a cuestionar el status quo. Me ha servido la poesía para pasar de mirar a ver. Es beligerante la poesía, retadora, por tanto, es quinésica y asombrosa. Sin la palabra poética difícilmente hubiese encontrado el camino para empezar a descubrirme en el mundo.


* ¿Por qué creer en la poesía?

Porque es polifónica, es decir, te da la posibilidad de múltiples voces para ver el mundo. Claro está que ese poder de ver te exige y te presiona. La poesía no tiene miramientos con nadie, ya que es obsesiva y egoísta en su rigor. Ese rigor es lo que la fortalece y se puede creer en ella.


* ¿Con qué palabra te identificas?

Río. El afluente (la vida) que construye su cauce (experiencia diaria) en su fluir cambiante. Ser río es sufrir esas pequeñas muerte huidobranas, es rehacerse a diario, lo cambiante, la eterna  tetraléctica


* ¿Qué poetas han influenciado tu voz?

Rivera, Aurelio Arturo, Silva, Machado al inicio en mi niñéz, Luego Whitman, Vallejo, Rimbaud, Gomez Jattin, Lezama Lima, Keats.


* La poesía: En voz alta o en silencio

En mixtura de acuerdo a el momento. Una voz adecuada realza un poema para que vibre la poesía. Un silencio interno para degustarla en su plenitud. Alzar la voz poética a los cuatro vientos es una buena posibilidad de despertar


* ¿La poesía construye sociedad, forma valores?

Somos en esencia simbólicos, por esta razón lo poético está dentro del ser humano porque lo sensibiliza y lo apertura. Apertura doble hacia el mundo externo y hacia la interioridad del ser.  Un ser sensibilizado por la poesía respeta mejor la postura de otros que difieran de él. Respetar la posibilidad del otro es una forma de poetizar la existencia.


* ¿Hacia dónde va la poesía?

Va con el ser en su historia. Desde que no dejemos de preguntarnos y asombrarnos por el mundo conflictuado para liberarlo. No importa que seamos eternos caminantes si nos lleva hacia nosotros mismos, descubiertos en la naturaleza misma. La poesía va en la huella histíca del hombre reconfortándolo cuando lo cuestiona. Sobrevivirá.




José Onias Cuellar Calderón,  Neiva, 1967. Licenciado en Lingüística y Literatura en la Universidad Surcolombiana. Cursó estudios en Pedagogía de la creación literaria- cursado.Universidad Surcolombiana.

Especialista en Administración de la informática educativa Universidad de Santander.
Candidato a la Magistratura en Gestión de la Tecnología   Educativa-  Universidad de Santander.
Docente en la Fundación Universitaria Escuela Tecnológica de Neiva. FET

Obras y Participaciones


• Invitado al 1°,2° y 3° Encuentro nacional de escritores. Fondo mixto de cultura y Gobernación del Huila.
• Invitado  al 1°,2°,3° y 5° Festival de poesía y otros asuntos literarios.
• Parvulario, publicación colectiva de relatos.  Octubre 2005.
• Incluido en La tarde está como para contar cuentos, antología del minicuento. Noviembre del 2007.Altazor Editores.
• Prologuista en el libro: El combo de Llano Grande del escritor Aníbal Plazas Barreiro. Editorial Gente Nueva. Bogotá, DC. 2015.

• Representante por Colombia en el V Encuentro Internacional de Escritores, Córdoba, Argentina.
• Expositor invitado a la 43°  Feria Internacional del libro Buenos Aires, Argentina  (2017) con el libro: Las voces del Río. Editorial: Trascendernoa. Tucumán, Argentina.
• Ponencia En la Feria 43° Internacional : Lectura Crítica y Literatura.
• Escritor invitado a la XIV Encuentro Internacional de Escritores de Mercosur, Hernandarias, Paraguay.
• Disertante en el XIV encuentro Internacional de Escritores Mercosur.Paraguay.
• Escritor invitado y disertante en el X encuentro Internacional de Escritores Tarija – Bolivia.
• Expositor invitado a la 44°  Feria Internacional del libro Buenos Aires, Argentina(2018) con el libro: Misteralia. Edición  Colombo-Argentina. Editorial: Trascendernoa. Tucumán, Argentina.
• Disertante invitado por La universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) a la facultad de Educación y Ciencias Sociales. Mayo del 2018.
• Prologuista del Libro sobre Estética Cuántica,2018.
• Escritor y disertante invitado al II Encuentro Internacional de Escritores en Sochica, Perú.

• Libros publicados  recientes:

 Las voces del río. Poemario. 2017. Editorial Trascendernoa. Tucumán. Argentina.
 Misteralia. Micro-relatos. 2018. Editorial Trascendernoa. Tucumán. Argentina

• Libros próximos a publicar:

                                    Historias de mi barrio, narraciones.
                                    Historias primigenias, micro-relatos.
                                    Contracorriente, poemario.

• Tallerista de Promoción Lectora, Lectura Crítica y Pensamiento Crítico en la Biblioteca Banco de la República Neiva.
• Conferencista invitado a Centros educativos para maestros y estudiantes.
• Tallerista invitado por BanRep Pasto y Montería para maestros universitarios en Pensamiento y Lectura Crítica.
• Tallerista de lectura crítica para docentes en el programa Huila Lee y Escribe en el 2016 y 2017 y 2018.
• Premio Latinoamericano a la excelencia literaria “Sol de Oro”, Sochica-Perú.2018




José Onias Cuellar Calderón 
(selección de poemas) 


EL TIEMPO Y LA AUSENCIA

Ya son varias lunas cabalgando
 las crestas de las montañas,
Ya son varias crecientes del río
 llevando tu nombre.
Los árboles perdieron las cuentas de sus hojas
esparcidas con el viento y tus pasos,
En tu sendero la hierba crece inclemente
añorando el eco de tu sombra,
Mientras tanto, siento en mi hombro
La calidez de tu mano en espera, madre.
                             
                                                                                    De Las voces del río



TÚ, PRIMAVERA

Recorro con mi vista y desde la ventana,
el frío paisaje de esta tierra patagónica,  
al pasar sobre la estepa 
emergen geranios, amancays 
catleyas y visoras.
 El trópico me llama 
 el calor, ahora, de la mañana,
 trae la sinfonía de tus aves, 
 he traído con tu recuerdo la primavera.
Sigo oteando el sendero de la montaña, 
desde el altillo de mi estancia.
 Acuño frases para decírtelas
 cuando te vea llegar. 
Muchos amaneceres han pasado y continúo aquí, 
las hojas en blanco también te esperan como yo. 
Tenemos mucho que decirte y tú que contarnos. 
El sendero a mi cabaña te espera 
También mis hojas en blanco
La taza de café
 Y, yo.



NUESTRA AMÉRICA

Tu piel de quena invade mis palabras,
Ondulantes tus formas de alabastro
Impregnan el laberinto del sendero.
En ascenso, reconstruyo tu aliento,
tus voces de combate en zampoña,
charango, bombo y cuatro me acompañan.
Aún no se ha perdido tu voz, en Alturas,
Wila, Dulima, Zitaquirá, Guanacas,
Tu sangre de quena que habita
Repudia los nuevos invasores,
La vorágine continúa.
Alcemos las autóctonas voces,
En las cúspides liberemos nuestras rabias
Y cantemos un coro sideral:
¡ Ñuqanchilk Ashpa !

                                                                                De Las voces del río

                                                            José Onias Cuellar Calderón

sábado, 2 de febrero de 2019

Felipe García Quintero



El poeta reconstruye las gotas de lluvia cuando chocan con lo solido; la piel, las ausencias. Las suspende en el aire húmedo esperando evitar que se golpeen de nuevo. 

Bienvenido poeta Felipe García Quintero al Claroscuro. 



Felipe García Quintero (Bolívar, Departamento del Cauca, Colombia, 1973). Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Popayán, donde es titular de Comunicación Social. Autor de siete libros de poesía compilados en La piedad (1994-2013), publicado por Mantis Editores en Guadalajara en 2013. Y de antología personales como Casa de huesos (2002) y Honduras de paso (2007). Su poemario Algún latido salió a la luz en México en 2016 por Valparaíso Ediciones. En Buenos Aires publicó Mirar el aire (2016, El Suri Porfiado). Obtuvo los premios Encina de la Cañada (1999, España), Iberoamericano Neruda (2000, Chile) y Eduardo Cote Lamus (2012, Colombia).



Felipe García Quintero 
(selección de poemas) 

Pájaro

(a los secuestrados de mi país)

A quien escucha la sangre ajada del silencio tañer su corazón, y la 
vigilia del río le arrulla el sueño, yo lo imagino anidar sobre el
hierro inmarcesible de la selva, al picotear el óxido vegetal de sus 
huesos.

Porque canta a lo lejos y vuela adentro, cautivo del cielo, yo lo 
imagino jugar con el aire detenido que sostiene la mirada solitaria,
embriagarse con el vino crudo del crepúsculo, donde el horizonte,
a tajos, se derrumba.

Un puñado de tierra se amontona en los ojos cada mañana, si la
niebla voraz crece con el día cercado por el aliento. Y la espera, 
como savia vive en lo profundo, siempre a ciegas, mientras la 
hierba pisada brota nueva de la última plegaria.

Es cuando la lluvia se acalla y socava otras entrañas. 



**

Mi casa como el desierto, no tiene techo ni puerta, sólo boca.
Mi casa, como la piedra, no posee vigas ni cimientos, sólo una mano empuñada la sostiene.
Esta casa la he construido quitando ladrillos y entregando mis huesos al vacío que resta. 
La casa es oscura como mi voz en sus corredores. 
Vivo en la casa que camino, la que acecho y me persigue como el gusano tras la carne enferma.
A cada grito se levanta; con cada silencio la destruyo

De Vida de nadie (1999)



**

uno cree en la escritura, Que la escritura es aire, y basta.
Mas el lenguaje habita la intemperie de la casa, persiste en la humana gravedad.
Porque escribir es cargar con la procesión de tu vida, con los enseres que no caben en otro rincón
que no sean los días, que uno tras otro son la nada.
Porque la muerte es irse y ya.
Y es la voluntad del amor el morir.
Sí, el amor del morir, la única escritura

De piedra vacía (2001)



**

LOS PÁJAROS clavan sus picos en mi carne.

Sobre mis palmas reposan. Beben el agua de mis ojos y mi lengua calla. La dicha de ser su alimento
no me alcanza.

Otra será mi gloria, no los cielos.

(1993)


AQUÍ LOS ALIMENTOS detienen su transformación. Se agolpan en la
garganta

como niños muertos en la luz del vientre, el amado sepulcro.

Aquí los pasos no avanzan, no llevan ni traen, aunque se escuchen
alejarse cuando
llegan y tropiezan con uno adentro. Aquí la casa no es abrigo sino un pozo
cegado.
Aquí la escritura no llama, no alumbra.

El alimento no alimenta, los pasos no parten ni llegan: caen y caen en
una sola
música vacía. Aquí la voz se pierde entre sus oscuros cuartos.

Aquí no es un lugar.

(...)
De Vida de nadie (1999)


                                                                             Felipe García Quintero




jueves, 24 de enero de 2019

Lucía Estrada

Sólo tus ojos penetran el abismo, en ellos está la luz para derrotar la noche.  

Bienvenida Lucía Estrada al Claroscuro. 



Lucía Estrada, Medellín, Colombia 1980. Poeta. 
Obtuvo la Beca de Creación en Poesía del Municipio de Medellín (2008), fue nominada por la UNESCO al Premio Internacional de Poesía “Ponts de Strugas” de Macedonia (2009) y obtuvo el Premio de Poesía Ciudad de Medellín (2005) y el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá en 2009 y 2017. 

Publicaciones: 

Fuegos Nocturnos (1997), 
Noche Líquida (1999), 
Maiastra (2003), 
Las Hijas del Espino (2006; 2008), 
El Ojo de Circe (2007), 
El Círculo de la Memoria (2008), 
La noche en el espejo (2010), 
Cuaderno del ángel (2012) 
Katábasis (Premio de Poesía Ciudad de Bogotá 2017)




Lucía Estrada 
(selección de poemas)

Escucha el canto que dejaste inconcluso
bajo las piedras.
Tu sangre nunca se detuvo.
Lejos de ti, en otros cuerpos hizo su parte.
Y ahora eres secreta suma de batallas y derrotas.
La herencia del viento que se pliega sobre si misma.

Muerde la fruta que abre la primera puerta
del laberinto del mundo,
y cómela lentamente, como quien emprende un viaje.

La fruta devorada
es otra vez el paraíso.


De La noche en el espejo





El círculo del poema

Cada poema abre otro silencio,
recorre las estancias últimas
de la palabra
para volver al todo.
Se precipita en el vacío
después de circular
de mano en mano,
de labio en labio
hasta que no queda ningún vestigio
de la sangre que acuñó su moneda.
Cada poema
un desafío al ojo atento
en el instante justo
de la caída.



Circe

Es la sombra
                lo que retengo

la belleza de alejarse
                           cada vez más

el infortunio de haber visto
                                  muchas islas

muchos mares
como a través
                               de un espejo roto

la muerte que representas
el número de animales muertos
                                       que representas

negro polvo que tus pies
han traído
hasta mi casa.

De: Las Hijas del Espino 



Aniversario

No es que el tiempo nos devore,
es que las cosas adquieren otro brillo,
una quietud de musgo y sombra
que las aleja definitivamente de nosotros.

Pero el árbol que dibujaste en la infancia
permanece intacto.
En algún lugar, tus ojos rehúsan el polvo,
se apartan del instante calcinado
y esperan a que otro cielo
les devuelva la mirada.
Acaso tú comprendas mejor
este duro vuelco.
La sangre y sus viejas historias
siguieron el curso de lo que tiembla en el aire
y no muere.
Un pájaro rodó en el viento seco
hasta perder el horizonte,
la casa desapareció tras el jardín
y cada rostro se reflejó en sí mismo
perplejo.
Los días avanzan
no se sabe hacia dónde,
pero en algún punto van a detenerse.
Preguntarán por ti, por nosotros,
y estas palabras que te traen a mi encuentro,
pequeños huesos ennegrecidos en la palma de mi mano
serán entonces
una respuesta insuficiente.



El aire se abrió lentamente con el sonido de las campanas,
y en los cuartos, cada cosa ocupó su lugar y su nombre.
Todo era posible bajo esa luz de invierno en la que 
señalaste un jardín cerrado,
un estanque vacío esperando por mis ojos. Era preciso
mirarlo con atención antes de que se diluyera en la sombra.
Estábamos inmersos en el paisaje, y las voces del jardín
venían desde adentro,
y las formas encontraban entre sí su correspondencia.
Algo dijiste del vacío, y a lo lejos,
la fuente brilló en su penumbra.
Esto es lo que soñamos. Hundirnos en la transparencia
y en el movimiento de la luz. Ella recorre paciente
lo que para nosotros ha perdido su misterio. Aquí 
están todas las cosas recién descubiertas,
y el mundo, cada vez más pleno de sí mismo,
cada vez más verdadero.
Puedo escuchar el rumor de las puertas que se abren
para conducirnos a otro silencio, y cómo cavamos en él
aunque las cuerdas de la voz se hayan debilitado.
El estanque se cubrirá de agua. Puedo presentirla.
Es oscura y asciende hasta tus ojos llenándote de extrañeza.
Pero delante de ti nada perderá su claridad.
Deja que tu corazón entable cercanía con la muerte,
que allí también encontrarás presencias luminosas.
Será entonces como si nunca
te hubieras apartado del camino: "El resistir lo es todo".

                                          
                                                                                  Lucía Estrada 


miércoles, 23 de enero de 2019

Santiago Espinosa


Quizá el tiempo no alcance para encontrarnos con habitantes de otros sueños, quizá no alcance para recobrar lo perdido, cuanto diéramos por abrazar de nuevo a nuestros ausentes. Quizá el tiempo no alcance para contar las estrellas.

Bienvenido Santiago Espinosa al Claroscuro. 




Santiago Espinosa, Bogotá, Colombia, 1985.
Es Crítico y Periodista. Profesor del Gimnasio Moderno de Bogotá. Egresado de Literatura (2009) y Filosofía (2010) de la Universidad de los Andes.

Ha escrito artículos y reseñas para medios como Alforja y La Otra de México, Revista de Poesía de Venezuela, de la que es miembro de su consejo editorial, la Revista Casa Silva, El Espectador, El Tiempo y La Hoja de Bogotá, del que fue jefe de redacción hasta su desaparición en el año 2008.

Es el encargado de las labores de difusión y divulgación de la temporada de Ópera de Colombia y del Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Poemas y ensayos suyos han aparecido en diversas selecciones de Colombia y de otros países.

Publicaciones: 

Los ecos (2010)
Lo lejano (2015)
Escribir en la niebla (España, 2015) Compilación de ensayos sobre 14 poetas colombianos 
Luz distinta (México, antología)
Para llegar a este silencio (colección Un libro por centavos, Universidad El Externado)
El movimiento de la tierra (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2016)




Santiago Espinosa
(selección de poemas)

Mariposa nocturna 

…espera que cada uno se realice y consume
con su poder de silencio y de palabra…
Drumond de Andrade
–
Es inútil que escribamos sobre todo.
Hay que saber esperar.
El poema nace en el vacío
que desplaza otro poema.
Pienso en las mariposas nocturnas
persiguiendo su sombra sobre el techo.
Se alejan y la sombra se perfila,
cuando se acercan demasiado
pierden la imagen en el vuelo.
Es mas o menos así.
Sombras que buscan la luz
para permanecer como sombras.
A veces el silencio es el último
cumplido sobre las cosas que amamos.
Su manera de estar a nuestro lado.

                                                                                 Para Tania G.



Valse triste

                                                                                           A la memoria de Jean Sibeluis

El ruido áspero de un fósforo,
dos, tres de la mañana.
Pasos en la casa de la esquina.
¿No es demasiado tarde
  para empezar la velada?
Quizá estrellen las copas
mirándose a los labios
y suene en el piano la canción escogida.
Él y su corbata roja,
la que compró antes del accidente.
Ella, perfumada, lleva el vestido de encajes:
única herencia de su madre.
Bailan, jóvenes,
por la pista de  otros ojos
de otra memoria,
sigilosamente
haciéndose fantasmas.



Fosa común

Te abres el pecho
largamente
y allí encuentras

                dos libros

casas que no alcanzaron
             su estatuto
             de moradas

el ojo de los dormidos
como un carbón
               bajo la niebla

sigue cavando

los rostros de tus abuelos
               amarillos
               por el cáncer

el uno era político
y soñaba con los trenes

el otro un músico
que le cantaba
a las luciérnagas

Montañas arrastradas
por un río
                de voces
                pedregosas

y más abajo
                 el mar.

Ha sido inútil el arte
de cavar huellas.

Abrir un agujero
entre la hierba
y los
papeles
                dispersos
para mirar de nuevo
                las estrellas.



Fantasmas

No, no habría por que temer.
Nunca -por más que lo quiero-
he sentido que los ángeles
me toman por la espalda.

Dices que los abuelos, cuando mueren,
esconden medallitas en la almohada.
O que a veces se aparecen en los sueños
y agregan varias hojas a los diarios.
Pero de mí no se acordaron.
Se fueron sin extender la mano,
y no tuvieron que hablar
para recordarme su silencio.

-Sin embargo, en la noche ,
los ruidos de la cocina se parecen a los pasos
y las fotos de los muertos
me persiguen con los ojos-

No, no los he visto.
Apaga la luz y no hagas ruido.
Pero antes un secreto:
todavía los espero.



Esferas

Nunca temimos a los sismos,
nos habituamos a hablar sobre los sismos.
Mi padre señalaba los mapas con el nombre sonoro
de Kobe o San Francisco, Popayán o Tauramena.
Eran viajeros que llegaban desde el fondo de la tierra
con un código de Richter,
o un niño que nacía desde el calor hacia las rocas.
“Las placas se mueven bajo nosotros”,
decía mi padre, “el tiempo es una caricia silenciosa”.
E imaginábamos la lava desplazarse bajo los pies, roja y naranja.
El desplome de los campanarios en el Tiempo del ruido.
Y un espasmo, un remezón de las cortezas más profundas
que hacía bailar todas las cosas, como si despertaran.
Guardábamos el mapa entre los anaqueles. Las fotos se hacían
turbias y nosotros caminábamos sobre el planeta.
El mundo era una esfera llena de voces
y murmullos, una canica redonda y traslúcida.
“Las placas se movían bajo nosotros.
El tiempo, una caricia silenciosa.”
Cuando despertamos por el terremoto de Armenia
vimos las ruinas de la infancia en el televisor.
Vimos las madres y sus hijos llorar a la intemperie.
Los sismos se hicieron viejos
y perversos, y comenzamos a temerles.
Frente a la luz de las pantallas,
viendo el avance de las formas contra el tiempo,
el rostro de los padres comenzó a cuartearse
y fue grabado en sus semblantes
un mapa imperfecto y movedizo.


                                                                               Santiago Espinosa

jueves, 17 de enero de 2019

Laura Merchán Sánchez


Un cuerpo duerme entre matorrales, extiende sus raíces, abraza la tierra.
La danza de las sombras anuncian el destierro. Un cuerpo duerme.

Bienvenida Laura al Claroscuro.

Laura Merchán Sánchez, Bogotá 1989. Escritora emergente, profesional en filosofía con estudios adelantados de Filología alemana en la Universidad Nacional de Colombia. Autora de cuentos como Los Miedos de Rosa (Este verde país. Cuentos Colombianos. RELATA 2009), Maure (Revista Gavia Universidad Distrital 2014) y de ensayos como Escisión y Totalidad. Un acercamiento al concepto de Naturaleza en la filosofía de J.J Rousseau (Revista La ventana Universidad Nacional 2014).

Algunos de sus poemas fueron publicados en las Memorias de los talleres de Ojo en la tinta 2013 y actualmente trabaja en su primer poemario.

Ha participado en los talleres de crónica y poesía de RELATA Red Nacional de Talleres de Literatura del Ministerio de Cultura, del colectivo de poesía  Los Impresentables-Literatura Emergente y es cofundadora de Hécate Colectivo.



Laura Merchán Sánchez 
(selección de poemas)

Hambre

Le dieron armas y tiempo para rendirse,
el seno de una mujer,
la indiferencia,
una senda,
la pérdida,
el agua y su sed,
un sol que anuncia su noche;
pero desconoce,
ignora el motivo,
el tiempo de su hambre. 



Casi a diario

Afuera los hombres separan huesos
se remueven
ajustan manecillas
sopesan los bolsillos
miden sus cinturas
                       el ancho de su sombra.
Me refugio en la espera que no merezco.

El tiempo es fecha irreversible
y va trazando su horizonte en el abismo.
                                                                  Aún no caigo.


Perros

En la calle
los perros lloran su ceniza,
no tienen tierra,
ni gruta,
ni huerta del entierro;
husmean el cadáver de algún río
y se lanzan a las avenidas,
triste manía esa de hacerse los muertos.


Comensal

Vuelvo cargando un cadáver que se enreda con las hojas
dejando en cada esquina pedazos de tela
como muestra mínima de piel.
En casa busco una mano
una oreja
un contacto
mientras luces ajenas estallan.

Quieren que vaya, que me siente
que extienda feliz mi cuerpo ante la mesa.
Consumirán mi cadáver
me entregarán otro
un cuerpo vivo
para que salga al mundo, de nuevo llena,
a buscar el hambre.

                                                                             Laura Merchán Sánchez



Talleres 
de Poesía, Crónica
Dramaturgia y
Novela gráfica

OJO EN LA TINTA
2013
Bogotá 

viernes, 11 de enero de 2019

Stephanie Alcantar


Pesar las palabras, balancearlas en el silencio, mecer las lágrimas, arrullar los ojos que lloran. Nacer el poema, sentirlo dentro y luego darlo a luz.

Bienvenida Stephanie Alcantar al Claroscuro.



Stephanie Alcantar (Illinois, EUA/Durango, México, 1990)

Es poeta, narradora y ensayista. Licenciada en Matemáticas Aplicadas de la UJED y Becaria del PECDA en el área de poesía.

Publicaciones: 

 Los lirios contarán cuentos de hadas (2008)
 La incertidumbre también tuvo infancia (2009)
 Coreografía del miedo (2010)
 Teoría del olvido (2011)
 El orden del infinito (2013)
 El tamaño del vacío (2014)



Declaración de vuelo

He visto tus ojos
quedarse desnudos para dormir
he tocado tu sombra
cerca de un acantilado de silencios
y nada se compara
con la golondrina que salió de tus labios
el día que dijiste que era suficiente.


Soledades


Te digo soledades que pueblan los paladares y las llagas

que forman epígrafes con el celo de los pies en baile.

Te cuento soledades con los dedos de la mano

con la maraña de canciones que rellenan

los rincones azules donde no cabe el llanto.

Te digo soledades al azar

para que no sities la mía.


La construcción de la casa


Quisieron construir una casa.

Él comenzó escribiéndole muros en la espalda,

unió sus lunares y nació una frontera,

un terreno qué volver habitable.

Le alineó las venas,

las sacudió

y dibujó una escalera.

Ella le plantó ventanas en sus ojos

y él se quitó la piel para cubrirlas.

Él quiso encenderle un jardín en el vientre.

Ella sembró un sueño en sus pulmones.



Como un caracol

llevaron siempre su casa a todas partes.



Pero el hogar

el sitio que realmente tiene puerta y llave,

quedó del otro lado del olvido,

ahí donde los arquitectos desconocen el plano

y el amor corre entre las habitaciones

persiguiendo al futuro.


Nómbrame 

Escribe mi nombre para salvarme
con la sal que se adhiere a los barcos
con el murmullo de fantasmas que no has visto.
Sostenme con la forma de la espera
con un clavo vencido que haya sujetado una sombra
detén mi nombre contra  la puerta
para no salir
        en forma de  poema

                        como el vuelo de la gaviota.



                                                        Arbitrio

                                                       Acostumbrar el llanto:
                                                       poner el ojo sobre la llaga
                                                                           y obligarlo a derramarse.


                                                                               Stephanie Alcantar